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¿Argentina es racista?

El asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd, ocurrido hace algunos meses, generó un amplio rechazo entre los argentinos. Pero, aunque algunos puedan creer que se trata de un flagelo que nos toca de lejos, el racismo opera de muchas maneras en nuestra sociedad. Todo aquel colectivo que se aleje de la idea de sociedad blanca y europeizada, también aquí, en la Argentina, sufre diferentes formas de rechazo y discriminación.

Según las fuentes consultadas, el racismo a la argentina moldeó nuestra cultura e instituciones desde nuestros inicios como nación. Hoy continúa vigente, como si doscientos años de historia no hubieran sido suficientes para asumir que nunca fuimos la Europa de América latina. A veces nos muestra su cara más brutal, como en el caso de la agresión a una familia qom, en Chaco. Pero en la mayoría de los casos es tan camaleónico, que pasa inadvertido en muchas de nuestras costumbres y hábitos sociales sin ser, por eso, menos nocivo.

El desprecio hacia los «negros» lo padecen los afrodescendientes, los pueblos originarios y los inmigrantes de ciertos países, como Bolivia, Paraguay y Perú, dejando en claro que el color de la piel es uno de los principales factores de discriminación en nuestro país. Por otra parte, la variable socioeconómica alumbra otro tipo de «negritud» igual de despreciada por buena parte del cuerpo social: los «negros villeros», los «negros de alma» o, sencillamente los «negros de mierda».

En un informe reciente, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) consigna que el racismo en sus diferentes formas concentró el 17,2% de las denuncias entre 2008 y 2019. La mayor proporción tuvo que ver con discriminación contra migrantes (7,9%), el 4,1% hacia afrodescendientes, el 3,1% por condiciones socioeconómicas, el 1,8% por el color de piel y el 1,3% contra los pueblos originarios. En lo que va del año, las denuncias por este tema alcanzan el 16,2% del total.

Y ¿cómo se traduce este racismo? De muchas maneras. Se expresa mediante la violencia que, en ocasiones, es perpetrada por las fuerzas de seguridad, según denuncian algunos de los colectivos afectados. También a través de discriminación en contextos laborales, o en la imposibilidad de acceso a lugares públicos por lo que popularmente se conoce como «portación de cara». Pero también en ciertas costumbres naturalizadas como burlas y frases despectivas.

Barreras invisibles

El antropólogo Alejandro Frigerio sostiene que, sobre el racismo, operan cuestiones étnicas, sociales y culturales. «Hay una interseccionalidad. A veces no se racionaliza el racismo. Por eso podemos encontrar muchísimos actos racistas cometidos por personas que no se consideran racistas. Pero la realidad es que todos actuamos en base a ciertos estereotipos. El fenotipo es una variable racial importante en ciertas actividades: no ves muchos abogados de piel oscura, y si vas a un hospital, los imaginás como enfermeros pero no como médicos«, analiza Frigerio, también investigador del Conicet, quien sostiene que en los últimos años el racismo se volvió más explícito, producto de una mayor visibilidad de ciertos colectivos sociales.

Frigerio puntualiza que, a principios del siglo pasado, las personas negras eran objeto de burla: se las consideraba taimadas y poco confiables. «Hacia mediados de siglo, con la migración interna desde las provincias del norte, se dio la irrupción de ‘los cabecitas negras’, que vivían en las afueras, eran los villeros. En los últimos años, a partir de la crisis de 2001, irrumpen los ‘negros de mierda’, los ‘negros cabeza’, con los cartoneros y los piqueteros circulando por toda la ciudad cuando, hasta ese momento, había zonas para cierta población racializada: la periferia, los barrios pobres», agrega.

A pesar de nuestros dos siglos de historia, el racismo todavía impone privilegios, excluye y discrimina. El espejismo de la sociedad blanca y europea nos impide ver la enorme riqueza cultural que ha forjado nuestra nación y la enriquece hasta nuestros días. Visibilizarla y respetarla es un desafío que nos interpela a todos.

Dónde denunciar

Si sufriste discriminación podés comunicarte con el Inadi a través de su página web o vía mail a: [email protected]

Fuente: La Nación (Lorena Oliva)

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