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Pelotudo con «P» mayúscula

Salvo los muy Pelotudos, la mayoría de los ciudadanos han comprendido que la única estrategia que tenemos por ahora para enfrentar al coronavirus es el aislamiento social. Quedarnos en casa.

Pero como sabiamente dijo el Turco Asís, para quedarte en casa primero hay que tener una casa. No es un buen momento para debatir las razones por las que millones de argentinos viven hacinados en la provincia de Buenos Aires entre chapas, maderas y bloques, sin cloacas y sin agua. ¿Se lo tienen que agradecer a los talentosos 28 años ininterrumpidos de peronismo con el dream team Cafiero/Duhalde/Ruckauf/Solá/Scioli o es la consecuencia de los cuatro años de Maria Eugenia Vidal? Sospecho cuál es la respuesta pero me la guardo para una mejor oportunidad.

El Gobierno ha ordenado un lógico aislamiento y una cuarentena para que la velocidad de contagio se ralente, el aumento de los casos sea lo más suave posible y la infraestructura hospitalaria esté en condiciones de ir atendiéndolos sin colapsar. Si se aceleran los contagios y se acumulan los enfermos, nada alcanzará para contener la situación. En otras palabras, están tratando de lograr lo que ahora todos conocemos como “aplanar la curva del coronavirus”.

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Lo que el Gobierno no puede resolver, y en esto la ciencia no puede ayudarnos, es como aplanar la curva de los Pelotudos. Evidentemente es muy difícil.

A propósito, sugiero que a partir de ahora la palabra Pelotudo se escriba con P mayúscula. Tiene caras, nombres propios y sobre todo son tan pero tan Pelotudos que merecen ser tratados como corresponde, con mayúsculas.

Si uno mira las estadísticas, la inmensa mayoría de la gente acata las medidas y los Pelotudos son relativamente pocos. Pero son suficientes como para emputecernos la vida a todos. Para colmo, el alcohol en gel no les hace nada.

¿Qué hacer con ellos, entonces? En principio, no discriminarlos porque nadie tiene la culpa de ser Pelotudo. Tal vez haya llegado el momento de ablandar nuestros corazones y darles a los Pelotudos la posibilidad de reinsertarse en la sociedad. Por supuesto, sabiendo que un Pelotudo es Pelotudo para siempre. Porque Pelotudo se nace, no se hace.

A esta altura es fundamental explicar que no es lo mismo un Pelotudo que un vecino que tose. No seamos botones porque eso nos va a transformar a todos en Pelotudos.

Los Pelotudos se dividen en dos grandes grupos: los Pelotudos ilustres y los Pelotudos anónimos.

Por ejemplo, entre los ilustres de esta semana se destacó el ministro de Seguridad de la provincia de Santa Fe, un tal Marcelo Saín, quien acusó a “los chetos” de traer el virus al país y se quejó de que hay que usar los kits de testeo con ellos.

Sí, dijo semejante cosa pese a que todos sabemos que millones de personas viajan todo el tiempo, por todo el planeta y por millones de razones diferentes. Turistas, gente que visita familiares, empresarios que hacen negocios, delegaciones de funcionarios públicos (incluido el Presidente que acaba de viajar por Europa), estudiantes de todas las disciplinas, profesionales de todo tipo incluidos médicos que estudian y trabajan en todo el mundo ¿Todavía hay Pelotudos a quienes hay que explicarles esto? Evidentemente si.

Este Saín es el mismo tipo que hace un par de meses declaró que la ola de crímenes que azotaba a su provincia era “un problema estacional”. Como la vendimia en Mendoza o la corvina negra en la Bahía de Samborombón. No quisiera ser pájaro de mal agüero pero me da la sensación de que a este muchacho le quedan cinco minutos como funcionario del gobernador Perotti. Los burreros dirían que es un caballo que paga 2,10.

  1. Otro ilustre del mismo nivel es Alex Caniggia que esta semana violó la cuarentena dos veces y, obviamente, lo cazó la Gendarmería y se lo llevó de las orejas.

Si cruzamos la frontera vamos a encontrar miles de Pelotudos por el Mundo (buen título para otro programa de televisión). Por ejemplo, hoy en “Pelotudos por el Mundo” te mostramos por dentro la casa de Bolsonaro mientras el Pelotudo nos cocina una rica feijoada.

O el Ministro de Desarrollo Social de Chile, un tal Sebastián Sichel, que le pidió a la gente que está en condición de calle que por favor vuelvan a sus casas. Posta posta, amigo lector. No aclaró si pretendía que toda esa gente volviera a sus pisos en Las Condes o a sus casas de fin de semana en Viña del Mar.

De López Obrador, el Presidente mexicano que le pide al pueblo que salga y vaya tranquilo a los bares y restaurantes, no vamos decir nada. ¿Qué necesidad tenemos de andar enojando mexicanos?

La lista es infinita pero no la vamos a dar para evitar incidentes diplomáticos. Bastante lío tiene ya Felipe Solá con los miles de argentinos que dejaron varados por el mundo como si fueran desechables.

Por supuesto también hay cientos de miles de Pelotudos anónimos. Algunos son tan Pelotudos que pasan de anónimos a ilustres en un minuto como el famoso surfer que hizo furor en los noticieros de esta semana.

  1. Sin embargo, a este Pelotudo hay que bancarlo porque el Presidente salió públicamente a decir que el pibe era un “idiota”. Textual. Grave error. Un presidente no puede escrachar a un ciudadano común, por muy Pelotudo que este sea, porque la diferencia de poder que hay entre un Presidente y un Pelotudo anónimo es gigantesca.9

Una cosa es que uno diga que el pibes un Pelotudo y otra muy distinta es que lo diga el Presidente. Rara la actitud de Tío Alberto porque fue el Tío Alberto de los miércoles, justo la mejor línea interna del albertismo. Pero lo dijo. Mala de él. Esperemos que no se repita porque ya tuvimos una Presidenta que se pasó 8 años escrachando gente por televisión. Suficiente para mi. Por favor, nunca más.

¿Cómo resolvemos entonces este problema de los Pelotudos? Fácil. Del mismo modo que se resuelven tantos otros problemas: con guita.

Nada demasiado extorsivo. Algo justo. Por ejemplo, el surfer que se escapó a Ostende debería vender una de sus tablas y donar la guita al centro de salud de la zona o al Hospital de Pinamar.

A los miles de tipos que andan sin permiso o se prestan los perros para salir a caminar por la calle, habría que pararlos e incautarles el celular si es la primera vez, el televisor si es la segunda, la heladera si es la tercera, y así sucesivamente hasta que nos quedemos con todo lo que tiene, lo hacemos cash y lo donamos.

Eso ayudaría a tanta gente a la que le está faltando de todo. No sé si vamos a aplanar la curva de Pelotudos pero por lo menos los vamos a hacer rentables.

Muy bien Tinelli que puso dos mil dólares para la cooperadora de un Hospital en Esquel. Excelente. Obviamente, todos suponemos que esos dos mil dólares son la seña. ¿No se va a pensar Marcelo que va a escriturar el perdón nacional por dos luquitas verdes?

Yo creo que para una figura tan importante como él, no le podemos cobrar menos de un palo verde. Es mucho y es nada. A él no le va a cambiar el bolsillo pero le va a cambiar la vida. Todos vamos a esperar su vuelta a la tele con mucha más onda.

Se lo puede donar a los wichis, al hambre o a cualquier hospital de La Matanza. Da lo mismo. En cualquiera de estos lugares, la guita será bienvenida. Sería espectacular. Como dijo Louis Armstrong cuando entró a comprarse su primer trompeta: “Un pequeño paso para la humanidad, un gran paso para un hombre”.

Vamos. Poné un palo verde, Tinelli.

Para Clarín / Alejandro Borensztein

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